Galileo - Gestionando Arte al Limite

Enrique Medina, "Galileo", nació en Santiago del Estero en el `59. Trabajo como filetero en la industria pesquera de Mar del Plata hasta que decidió cambiar su oficio por el de peluquero. Artista de toda la vida, y poseedor de una obra contemporánea con reflexiones incisivas e interesantes respecto a la realidad de nuestra sociedad, decidió aprovechar dicha oportunidad para generar un espacio cultural en el barrio transformando a su peluquería en una autentica usina artística. Su gestión de la misma lo fue enfrentando a diversas decisiones en las cuales fue marcando un estilo personal y comprometido digno de admiraración por sus implicancias políticas y sociales. Este camino lo fue llevando por el limite mismo de una serie de dilemas u opuestos que fue resolviendo de una manera muy particular: evitando caer en el juego de tomar partido por alguna de las dos polaridades en pugna, denegándole la entidad a dicha contradicción, y buscando desde una visión mas amplia una propuesta superadora que le permitiera a travesarlas.

Para algunos pareciera existir una relación inversamente proporcional entre lo popular y la calidad de la obra. Quienes la sostienen incurren en dos errores graves, el primero de ellos es el de subestimar gravemente al público; el segundo es olvidar que nadie nace sabiendo, que la sensibilidad se entrena, y que si no se brinda la oportunidad de ver y consumir otro tipo de obra que a la que se está habituado no habrá posibilidad de generar un interés por la misma. En base a dichos errores es que el arte "elaborado" (sic) o se cierra sobre sí mismo y no sale de cierto tipo de lugares y circuitos dejando afuera a más del 80% de la población; o bien surgen intentonas de acercarse con productos culturales rebajados al supuesto nivel del público, dejándose de lado el papel pedagógico del arte, y generándose así una profecía autocumplida en la cual lo ofrecido termina produciendo el tipo de público apático y chato que en un comienzo se esperaba encontrar.

Galileo rechaza en pleno estas posturas, y es precisamente allí donde su propuesta rompe con lo instituido y muestra sus mejores cartas. Donde algunos plantean dividir y cerrar el intenta incluir y abrir, y lo hace sorprendiendo con el arte allí donde uno menos lo espera y se encuentra más indefenso: en las actividades de la vida cotidiana. Quien concurre a su local por un simple corte de pelo sale del mismo con mucho mas. Su objetivo es la gente a la que las diversas circunstancias de la vida no le brindaron la oportunidad de concurrir a una muestra de arte, y esa opinión autentica y sincera respecto a lo que se está viendo es lo que más le interesa. Su experiencia demuestra no solo que estas apreciaciones son precisas y certeras, sino también que el estimulo brindado sirve para que el publico comience a interesarse por el arte y a concurrir a las sucesivas muestras.

Otro de sus planteos más interesantes es el de "incorporar sin excluir". Si la idea es la de crear un espacio que permita la inclusión de actores culturales hasta entonces dejados de lado, no se les hace ningún favor si se permite que dicho lugar se cierre sobre si mismo generando un ghetto o acantonamiento cultural. Sin embargo es un lugar común que esto último suceda. Conciente de que para salir de la exclusión no basta solo con contar con un espacio donde mostrar, sino que también es necesario poder interactuar y dialogar con los actores culturales ya establecidos --para permitir el acceso de estos a las nuevas propuestas y para que los nuevos actores puedan tomar conciencia de sí mismos y posicionarse respecto a estos-- es que Galileo decidió que su espacio no callera en la contradicción de excluir a ciertos artistas en su intento de incluir a otros. Así es que en su espacio de arte se puede encontrar a noveles artistas exponiendo codo a codo con artistas consagrados con un criterio curatorial en el que lo que importa es el dialogo entre las obras y no los curriculums o antecedentes de cada uno.

El tercero de los dilemas que surgen de su experiencia de gestión fue el de qué hacer con el trabajo ya realizado. ¿Puede este convertirse en un ancla al punto tal de inmovilizar un espacio cultural y convertirlo en un museo? ¿Cómo hacer para que la propia historia no detenga lo que en un comienzo se planteo como una Usina artística? Antes de ampliar las instalaciones y convertirse en Espacio de Arte, la Peluquería de Galileo comenzó a trabajar con intervenciones artísticas en sus muros interiores y exteriores. Las mismas llegaron a cubrir todo el espacio conformando una interesantísima propuesta de gran valor cultural. El problema fue que conservar las mismas impedía seguir desempeñando los objetivos planteados en un inicio. ¿Entonces qué se debía hacer? ¿Permitir que el espacio de arte muriera y se consagrara a la adoración del trabajo ya hecho? ¿O blanquear todo con irreverencia joven y comenzar todo de nuevo? Las opiniones encontradas no fueron pocas.

La mirada de Enrique Medina esta puesta en el mañana. Considera Arte Contemporáneo a lo que se está haciendo hoy, y en la medida en que ya se hizo tiene menos importancia que lo que se está por hacer. En su concepción el arte es lo que nos permite ser libres, y eso no es algo que se haga de una vez y para siempre, sino que es algo que se conquista día tras día. El apego a lo ya hecho, entonces, puede convertirse en una jaula para esa anhelada libertad. La difícil decisión para el no fue tal, los muros blancos era el futuro y el color de la libertad.

Espacio de Arte Galileo queda en Mario Bravo 3590.

Jose Maria Casas "two-"

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