Rarísimo y la Cultura del Cover: la maldición de John Cage


Hace unos días recibí en mano una postal, un flyer, que contenía una frase de John Cage: "No entiendo por que la gente se asusta de las nuevas ideas. A mi me asustan las Viejas". La releí, analicé --casi diría que degustandola--, y mientras tanto, sin darme cuenta, asentí con la cabeza. "Poderosa, muy poderosa", pensé. Me guardo la postal, aun con la frase en la cabeza, y me asigno como tarea para el hogar el entrar al website del evento que la había utilizado para averiguar un poco más.

La primera vez que entré no había mucho, así que decidí darle unos días para ver si ampliaban la información. Cuando volví a entrar la programación ya estaba completa e incluía algunas cosas más que las pocas piezas de tributo a Cage que solo contenía en un principio. Dos cosas me llamaron inmediatamente la atención: la primera fue la temática, no pude dejar de sentir una contradicción entre la frase que había leído --que ellos habían difundido-- y lo que mostraba la programación del evento. La segunda fue la importancia que se le daba al "Staff", lo destacado que el mismo se encontraba, justo por encima de los "Artistas Invitados".

El presente artículo va a centrarse en los aspectos estéticos de esta propuesta, haciendo hincapié en algunas decisiones de gestión que marcan, a ciertas y claras, los lineamientos específicos, las elecciones y las apuestas, de una política cultural subyacente. Es por ello que lo mejor es sacarnos el tema del "Staff" de encima lo mas pronto posible. 

"Staff"

Como mencioné anteriormente, el mismo se encontraba destacado, no sólo porque a la hora de diagramar el ordenamiento visual de la página se tomó la decisión de romper el orden alfabético --la A esta antes que la S-- generando así un nuevo orden de prioridades, (ver imagen)


 ... sino también porque la información que se incluye sobre cada uno de los artistas es realmente escasa si se la compara con la importancia que estos revisten para el evento. 

Teniendo en cuenta que los artistas son quienes hacen al evento y sus contenidos --un festival precisamente "festeja" a los artistas y su obra-- la decisión de priorizar al "Staff", destacando sus C.V. extensamente --mas que el de muchos de los artistas-- con información no relevante para el evento, y sin indicar siquiera la función que cumple cada uno de sus miembros, evidencia lisa y llanamente una pretensión o intención de creer que el productor o el curador --según sea el caso-- están por encima de la obra y el artista. Esto me parece cuestionable y pone de manifiesto un posicionamiento ideológico-cultural que no comparto en absoluto. (Mucho se ha debatido y escrito sobre el mismo, por lo cual podemos obviarlo y continuar hacia el siguiente punto. Quien desee ampliar puede buscar en Google).


La programación

Comentaba que al leer la programación algo me había hecho ruido, mucho ruido, pero no solo en contraste con lo que pienso respecto a estas temáticas, sino también al tomar en cuenta la frase de John Cage citada más arriba. 

Rarísimo se presenta a sí mismo como un festival de arte contemporáneo, sin embargo, al hacer del homenaje a John Cage su eje, su centro de gravedad, decide darle la espaldas a la actualidad para centrar su mirada en obras de la década del `50 y el `60, y sinceramente no se me ocurre una apuesta menos contemporánea. Dándole la espalda a la actualidad, a la obra de hoy y, ¿por qué no?, a la del futuro, encarna aquella esencia que ha hecho de Mar del Plata la "capital nacional del cover": apostar por la certeza, por lo ya hecho, por el éxito seguro, antes que arriesgarse a las incertidumbres de lo nuevo.

Esa esencia conservadora y retrograda es de tan larga data en nuestra ciudad, y esta tan atada a las desventuras de esa identidad cultural que intentamos construir y siempre se nos escapa, que casi podríamos concluir que es el verdadero factor constituyente de la identidad cultural de nuestra ciudad. Así una banda de covers o tributo tiene cientos de lugares para tocar, ir a verlos es cool, llenan todo, y facturan, mientras que aquellos artistas que apuestan por producir no solo tienen que andar haciendo magia para conseguir un lugar --por lo general terminan pagando de su bolsillo para tocar-- y sufren por la falta de respuesta del público y la prensa, sino que también sufren el prejuicio de que ir a verlos no sea "un buen plan" y de que si alguien llega a tener el tupe de invitar a otro alguien a verlos --en plan de cita o salida-- sea seguramente tildado de "grasa".  

De esa manera, la ciudad le dio la espalda a Piazzolla cuando era una novedad, para pasar a celebrarlo, sólo un poco, cuando el resto del mundo decidió que era un genio, y ya del todo una vez que estuvo bien muerto y sus innovaciones ya no representaban ninguna amenaza. Si nos venimos mas acá --al presente--, la ciudad se perdió de Altocamet durante los años dos mil, y de luzparis durante los dos mil diez, así como en su momento se perdió de Sergio Avello* de la misma manera que hoy se pierde de Matias Duville. 

Que un Festival de Arte Contemporáneo haga eco de esa tradición, de ese linaje funesto, y lo reproduzca cerrando el juego, en lugar de abrirlo dando lugar al presente, es algo nefasto. Que el municipio decida financiarlo  --de manera irregular con pesos 30Mil (fuente 0223)--, cuando le da la espalda a otras propuestas que intentan romper con esa tradición, es aún peor y confirma esa línea: no hubiera sido financiado si la apuesta fuera otra que ir a lo seguro y ya validado.

¿Por qué digo esto? Porque existen otros modos de hacer las cosas, otras formas, y la ciudad ha tenido muchos ejemplos y experiencias al respecto. No hace falta irse muy atrás en el tiempo. Sus organizadores podrían haber apostado por abrir el juego y organizar una convocatoria abierta para la secciones de Artes Visuales, Arte y Tecnología, y Vídeo-Arte como se hizo en la "Semana del Arte Contemporaneo (SAC MdP)", pero prefirieron seleccionar a dedo a artistas ya "validados" por el circuito institucional, y que el arte y la tecnología no sean parte del evento. Así, el festival no sólo no aporta artistas nuevos, ni apuesta a descubrir nuevos talentos, sino que ademas cierra el círculo reafirmando a aquellos que ya están validados y no precisan de una muestra financiada por el estado ni ayuda estatal alguna. También podrían también haber optado por una linea de trabajo como la que desarrolló Mene Savasta Alsina en el concierto de Arte Sonoro que se realizó en el Teatro Colon en el 2011, o la que desarrolla el colectivo MARDER en el "Festival de Arte en Tiempo Real" en el Centro Cultural San Martín, pero prefirieron apuntar hacia atrás, hacia lo seguro, con un repertorio frió, distante, y lo más lejano posible a las tecnologías del Siglo XXI... ¿¿Un festival de Arte Contemporáneo sin Nuevos Medios?? ¿¿Sin Arte y Tecnología?? ¿¿Sin interdiciplina, interactividad y experimentación?? ¿¿Sin riesgo?? Vamos!!! Contante otro!!.

Tampoco hay un ciclo o espacio dedicado a la música actual "no académica" (odio tener que usar esta diferencia que me es ajena y yo no utilizo) como los que si ofrece el Trimarchi con sus recitales gratuitos al aire libre por donde suelen pasar "just on time" las bandas y sonidos que están justo por explotar. De su mano, la ciudad disfrutó a Morbo y Mambo, El Tronador, que incluyen componentes locales, y ya yendo al plano nacional a Miss Bolvia, por solo citar algunas. Otro ejemplo de eso podría ser el Festival La Nueva Ola, también gratuito y al aire libre, el Festiva cooperativo Desde el Mar, el ciclo de recitales de SAC MdP, entre tantos otros. Tampoco hay un lugar para tendencias más descontracturadas, urbanas, y actuales como son el diseño gráfico y multimedia, y el streer art, que si tienen su espacio en el Trimarchi; ni para el VJing y las artes audiovisuales de realización en tiempo real como en el B.N.T. (Buenas Noches Trimarchi) o en los encuentros de M.C.C.W.N. (Misiones Cortas Clandestinas Weekend Nerd); ni para apuestas cooperativas que incluyan el uso de internet, la interactividad 2.0, y el licenciamiento mediante copyleft, como podría ser un concurso de afiches remixados, entre otras. 

Volviendo --ya para cerrar la recorrida por algunos ejemplos-- a las Artes Visuales y Arte y Tecnologia, podemos notar que el festival no suma novedades a la ciudad, no anticipa lo que esta por pasar. Con SAC MdP el público pudo ver una obra de Alex Dogrush, "Domo", justo cuando ganaba el premio Innovar, y antes de que se exponga en la Feria del Libro de Frankfurt. Pudo ver también obras del rosarino Carlos Villa, antes de que sea premiado, de Luciana Rondolini antes de ser seleccionada para nada más y nada menos que el Premio Petrobras-ArteBa, y disfrutar del Colectivo "Federaccion de Stickboxing" antes de que ganara una beca del Fondo Nacional de las Artes y fuera destacado en el CCBA y eventos masivos como el Puma Urban Art. Todo ello haciendo tan solo un breve resumen a vuelo de pájaro pero dejando claro que esas "anticipaciones" no son casuales, y solo ocurren cuando una convocatoria es abierta y su sistema de difusión y rastreo se encuentran funcionando correcta y adecuadamente. Nada de eso ocurre, ni ocurrirá, dentro de un evento cerrado que solo se dedica a reproducir la lógica de lo ya "descubierto" y "validado" por el circuito "institucional"; la lógica de un circuito y modo de circulación de obra que responde a concepciones de tipo feudal, donde el poder se encuentra centralizado, y los criterios de inclusión/exclusión tienen más que ver con cuestiones de vasallaje, tráfico de influencia, y amiguismos --con un "toque mágico" dado por la autoridad-- que con la obra en sí misma.

Todas estas elecciones y decisiones de los organizadores no son inocentes, sino que evidencian,  por el contrario, una apuesta por lo "instituido", lo ya "validado", una elección: lo prefieren por sobre el arte actual, lo nuevo, y lo que aún está a "descubrir". En lugar de generar un festival que opere como "instituyente", que apueste por descubrir HOY lo que en futuro será lo "validado" e intente ofrecerlo primero, que se arriesgue a apostar y quizás errar, o que al menos opte por conformarse con la nada despreciable idea de ofrecer un paneo de una actualidad desconocida y llena de interrogantes, se apuesta a lo que ya esta, a lo que ya es, y se lo hace apelando a un academicismo despreciable. Entonces deberíamos preguntarles, parafraseando a John Cage, ¿Por qué se asustan de las nuevas ideas?, ¿Le tienen tanto miedo a la obra actual?, ¿A qué le tienen tanto miedo que eligen refugiarse en la seguridad del "culto al pasado"?

Antes de que nadie diga nada, vamos a aclarar lo obvio, está buenísimo que en la ciudad se puedan ver por primera vez algunas obras de Cage, de hace 50 años. Nunca se habían realizado en Mar del Plata, ¿No es Rarísimo?. Pero también es Rarísimo que el dinero de la Secretaría de Cultura local se destine a financiar eso, en lugar de apostar al desarrollo y la puesta en escena del arte local, ¿o lo Rarísimo sería que el municipio apostara por lo local? ya me perdí. En fin, concluyamos en que lo "Rarísimo es que" un Festival que se autodenomina de "Arte Contemporáneo" dedique su mirada al pasado en lugar de al presente y al futuro. Preferir lo probado y validado, las certezas, por sobre el terreno de lo nuevo, lo incierto, y lo desconocido es de cobardes y pacatos. 

Y repito "No entiendo por que la gente se asusta de las nuevas ideas. A mi me asustan las Viejas". De nuevo "No entiendo por que la gente se asusta de las nuevas ideas. A mi me asustan las Viejas". Si. Quizás en el fondo se trate de eso. No Hay dudas. Quizás el haber elegido esa frase de Cage que hoy cae sobre ellos como una maldición y los interroga no haya sido más que un acto de sinceridad, quizás el único, donde asumen y reconocen que la "Cultura Cover" les sirve de refugio y excusa ya que se saben incapaces de gestionar un evento dedicado a abordar el presente. ¿La verdad? No puedo más que coincidir con Cage, me asustan.

José María Casas "two-"


*Sergio Avello (MdP 1964 - Bs As 2010) artista marplatense de gran reconocimiento a nivel nacional. Su obra "Volumen", el famoso semáforo que concientiza respecto a la contaminación sonora en la que vivimos inmersos en nuestras urbes, se encuentra emplazada en la entrada del Malba. A pesar de ello, muy pocos de sus conciudadanos tienen idea de quien fue, ni conocen su obra. Cuando falleció, en el 2010, la ciudad de Buenos Aires se vistió de luto, la noticia salió en muchísimos medios nacionales, pero el diario de su ciudad no le dedico ni un apartado, ni una mención. 

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